En las últimas décadas ha crecido el interés por explorar la relación entre el cristianismo y el judaísmo. La gran mayoría de estos trabajos se centran en la evolución histórica de estas dos tradiciones.

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‍En otras palabras, nos hemos centrado en cómo ha cambiado cada religión a lo largo del tiempo para llegar a su forma actual. Pero, ¿es eso todo lo que hay que hacer? E incluso si nos fijamos sólo en el aspecto histórico, ¿cuáles son los desafíos actuales en las relaciones judeo-cristianas? Del mismo modo, debemos abordar los desafíos actuales, así como las posibles nuevas oportunidades de cooperación entre judíos y cristianos. Hacerlo nos permitirá comprender mejor por qué la gente elige formar parte de una u otra tradición y si hay formas de facilitarles la interacción con quienes no pertenecen a su tribu.

¿Cuál ha sido el estado de las relaciones judeo-cristianas en los últimos 1.000 años?

El primer registro escrito del cristianismo data del año 312 d.C. y menciona a dos personas, San Pedro y San Pablo. La primera sinagoga del Imperio Romano se construyó en el año 515 d.C., seguida del primer templo judío en el año 627. Sin embargo, la primera Iglesia judía no se formó hasta el año 302 d.C. y sólo empezó a ser reconocida como tal por la Iglesia Católica Romana en 1095. De hecho, durante los dos primeros siglos después de la muerte de Cristo, hubo muy poca interacción entre las comunidades judía y cristiana.

La comunidad judía estaba dividida entre su comunidad mesiánica y la tradicionalista, con la primera deseosa de adoptar nuevas ideas y la segunda atada por la creencia en la inmediatez del regreso del mesías. Durante los dos siglos siguientes, el cristianismo empezó a ejercer más influencia sobre la comunidad judía, con líderes como San Mateo escribiendo cartas a los líderes rabínicos en las que expresaban ideas similares a las de Jesús.

Con el tiempo, la mayoría de los rabinos aceptaron los requisitos del judaísmo para ser miembros de la Iglesia cristiana. Entre los muchos acontecimientos positivos que acompañaron este cambio se encuentra la adopción del cristianismo como religión oficial del Imperio Romano en el año 313. Jerusalén pasó de ser una ciudad diversa con múltiples grupos religiosos a un único grupo religioso, con el cristianismo como religión estatal.

La cristianización del Imperio allanó el camino para el crecimiento de varias iglesias nuevas, incluida la Iglesia del Santo Sepulcro en el año 330, que se convirtió en la iglesia oficial de la capital. En las siguientes generaciones, la cristianización del resto del Imperio se aceleró, con el resultado de que en el siglo VI la mayor parte de la población se había convertido en cristiana. En el mismo periodo, las comunidades judías de la parte occidental del Imperio comenzaron a adoptar el cristianismo como religión. A finales del siglo VI, la mayor parte de la mitad occidental del Imperio se había cristianizado.

¿Por qué hay un interés creciente en explorar los vínculos entre estos dos grupos?

El crecimiento del cristianismo a lo largo de los siglos y la formación de numerosas iglesias cristianas en muchas partes del mundo han propiciado un estrecho contacto entre ambas tradiciones. La alianza entre Roma y el pueblo judío alcanzó un gran éxito durante el periodo tardoantiguo, con muchos judíos sirviendo en el ejército del Imperio Romano y emperadores visitando regularmente Jerusalén. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente y la dispersión del Imperio Bizantino en el año 438, los cristianos de Europa perdieron gran parte de su conexión histórica con el pueblo que los había gobernado durante casi un milenio.

También perdieron el contacto con el resto del mundo, a excepción de breves expediciones comerciales. A pesar de estos retos y oportunidades, el estado de las relaciones judeo-cristianas durante la Edad Media y el periodo moderno temprano puede describirse como positivo. Durante este periodo, las comunidades cristianas de Europa crecieron rápidamente en tamaño e influencia, proporcionando una reserva de conversos para el creciente número de misioneros que buscaban convertir a la población.

¿A dónde vamos a partir de aquí?

Tras la Reforma, hubo un breve resurgimiento del interés por explorar los vínculos entre estas dos tradiciones. Sin embargo, este interés decayó rápidamente y fue sustituido por un enfoque en los desafíos actuales. En muchos sentidos, el estado actual de las relaciones judeo-cristianas puede describirse como una batalla entre dos «ismos», es decir, entre el judaísmo y el cristianismo. El cristianismo ha experimentado una espectacular expansión a lo largo de los siglos y ahora abarca a más de 1.200 millones de personas. El judaísmo, por el contrario, ha experimentado un declive constante a lo largo de los siglos, y su población es sólo la mitad de la de su época de esplendor. En las próximas décadas, Europa será el escenario de una transformación desgarradora. El antiguo Imperio Romano está a punto de convertirse en un Estado miembro de la Unión Europea.

Muchos aspectos de la vida europea, como la estructura del gobierno, el sistema educativo y los medios de comunicación, ya están profundamente influenciados por el cristianismo. Además, dos de los principales partidos políticos del Parlamento de la UE son el Demócrata Cristiano y el Liberal, que son ahora los partidos más grandes del Parlamento Europeo. En el aspecto cultural, Europa también verá renacer grandes tradiciones religiosas como la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia de Inglaterra.

¿Qué tenemos que aprender los unos de los otros?

Lo primero que debemos abordar es el papel de la religión en la sociedad. Hasta ahora, hemos hablado sobre todo de la evolución de las dos tradiciones. Sin embargo, es importante considerar también su contribución a la sociedad. Tanto el judaísmo como el cristianismo tienen una larga historia de promoción de los derechos humanos y la democracia, y en muchos casos estas tradiciones se han convertido en sinónimo de estos valores. De hecho, el único ámbito en el que el cristianismo se ha mostrado a menudo deficiente es en su defensa de los derechos humanos. Desde 1917, los cristianos han sido reconocidos como un grupo religioso oficial en la Unión Soviética, con derecho a ocupar cargos públicos. En cambio, el judaísmo nunca ha formado parte de la Unión Soviética ni de ningún otro Estado comunista, y ha sido una parte importante de muchos países no comunistas.

Conclusión

Las relaciones judeo-cristianas son importantes porque son el reflejo de dos tradiciones muy diferentes y no se puede subestimar la importancia de ambas. La historia de estas dos tradiciones es muy diferente y considerar los retos actuales, así como las posibles nuevas oportunidades de cooperación entre estos dos grupos, nos permitirá comprender mejor por qué la gente elige formar parte de una tradición o de otra y si hay formas de facilitar su interacción con quienes no pertenecen a su tribu. Si le interesa el tema de las relaciones entre judíos y cristianos, o simplemente le gusta conocer el pasado, las páginas de Historyofreligions.com tienen todo lo que necesita. Esperamos que la lectura de este artículo le resulte útil para comprender mejor la historia de estas dos grandes religiones.

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