El judaísmo es una religión, no sólo un pueblo o una nación. Esto puede parecerle extraño. Después de todo, el judaísmo es mucho más que ser judío.

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‍Se trata de vivir una vida con sentido, de crear lazos familiares y comunitarios, y de desarrollar tu moralidad. Entonces, ¿por qué hay que darle tanta importancia a lo que constituye nuestra identidad como judíos? La respuesta está en la naturaleza única de nuestro pueblo y de nuestra sagrada Torá. Para entenderlo plenamente, es importante comprender cómo se relacionan estos aspectos entre sí. Siga leyendo para saber más sobre los aspectos únicos de ser judío.

El judaísmo es un pueblo

El judaísmo es un pueblo, una nación, una etnia, una raza, una ascendencia y un linaje. Todos podemos ser judíos por nacimiento o por conversión, o cualquier combinación de ambas. Independientemente de cómo hayamos llegado a ser judíos, cada uno de nosotros tiene los mismos elementos fundamentales: nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestras tradiciones y nuestra cultura. Cuando se trata de ser judío, es importante entender la distinción entre la forma en que nos definimos a nosotros mismos y cómo nos definen los demás. Por ejemplo, la ley, las costumbres y las prácticas judías se llaman «Torá». El pueblo judío se llama «Heimish». El sentido de pertenencia a un grupo distinto suele denominarse «Yovel», «Chosen-ness» o «Neshama». Cuando te identificas como judío, estás identificando todos los componentes anteriores. Estás diciendo que eres un pueblo que sigue la Torá. Dado que la Torá es un conjunto de leyes, también estás diciendo que sigues las costumbres y prácticas de tu pueblo. Este es el camino judío. Por eso, ser judío no es simplemente ser una persona que sigue la Torá. Cualquier persona que siga la Torá es considerada judía, independientemente de su afiliación religiosa. Ser judío es algo más que ser judío por la religión.

El judaísmo es tanto un pueblo como una religión.

El judaísmo es una religión, pero también es un pueblo. El judaísmo es tanto un pueblo como una religión. Mucha gente se pregunta si puede haber una «tercera vía» entre ser una religión y un pueblo. Sí, existe esa tercera vía. Se trata simplemente de ser tanto un pueblo como una religión. El pueblo judío es básicamente una etnia. Es una cultura particular que se desarrolló durante miles de años bajo la influencia de las culturas de otros pueblos. Es una forma única de ser judío, pero no es la única. Hay diferentes formas de ser judío. Hay muchos judíos diferentes. El pueblo judío es un pueblo que sigue la Torá. Es una religión.

Una nota final

Como pueblo, estamos en constante evolución y desarrollo. No somos un pueblo fijo, ni tenemos por qué serlo. Somos un pueblo dinámico que sigue descubriendo nuevas formas de ser judío. Esto es parte de lo que hace que ser judío sea tan emocionante y gratificante. El judaísmo no es una religión que se transmite en un libro. Es una forma de vida que se vive en cada generación, en cada generación. Por lo tanto, sin la siguiente generación no hay judaísmo. Por eso se da tanta importancia al futuro del judaísmo: depende de nosotros mantener vivo el judaísmo transmitiéndolo a la siguiente generación. Esto es lo que hace que el judaísmo sea una forma de vida tan dinámica y emocionante.

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